miércoles, 14 de enero de 2026

arlequín

de angustia enloquecido vaga este nortino en el valle central. 

cada vez más la ciudad suda vapores apocalípticos. por las rendijas de los edificios rezuman gases tóxicos y subliman en silencio su dolor las pobres gentes desamparadas.

¿será el precio a pagar por esta, nuestra pecaminosa animalidad?

tonada tras tonada, emerge de las cenizas la desesperanza entre los restos chamuscados del planeta. venga la lluvia ácida como un mal presagio e inaugure el efluvio mi llegada, sollocen las nubes mi nombre sobre los truenos de apertura; soy un poeta hecho tormenta — yo no canto, lamento

maldigo esta vida y esta tierra. lamento

me desangro en la memoria polvorienta, perdida, barrida por el viento. lamento

me desvivo en esta ira contenida, muda, ahogada en resentimiento. lamento

me pierdo y me encuentro de ida o venida en este laberinto abyecto 

huyo, me escondo y me lamento

soy tormenta de vergüenza y arrepentimiento

poeta del barro y de la acequia,

último cruzado del fundamento.