de angustia enloquecido vaga este nortino en el valle central.
cada vez más la ciudad suda vapores apocalípticos. por las rendijas de los edificios rezuman gases tóxicos y subliman en silencio su dolor las pobres gentes desamparadas.
¿será el precio a pagar por esta, nuestra pecaminosa animalidad?
tonada
tras tonada, emerge de las cenizas la desesperanza entre los restos chamuscados
del planeta. venga la lluvia ácida como un mal presagio e inaugure el efluvio
mi llegada, sollocen las nubes mi nombre sobre los truenos de apertura; soy un
poeta hecho tormenta — yo no canto, lamento
maldigo
esta vida y esta tierra. lamento
me
desangro en la memoria polvorienta, perdida, barrida por el viento. lamento
me desvivo
en esta ira contenida, muda, ahogada en resentimiento. lamento
me pierdo y me encuentro de ida o venida en este laberinto abyecto
huyo, me escondo y me lamento
soy
tormenta de vergüenza y arrepentimiento
poeta del
barro y de la acequia,
último
cruzado del fundamento.