ni un solo registro de mi miserable existencia
me llevo a esta suerte de tumba
donde se leen mis últimas palabras:
váyanse todos a la mierda
y al caminar entre la maleza
los perros hambrientos, voraces
buscarán mi cuerpo entre los árboles
y afilarán sus dientes con mis huesos
qué importa, coman de mi carne
pero no se quejen al contagiarse
con la rabia que me dio muerte
y el dios que me dio sangre